24 noviembre 2005

23 noviembre 2005

¿Para qué la sangre?

Me dormí pensando en la muerte, en el cuerpo que sangra sin sentido. Y soñé.

Mauricio se había convertido al budismo (era ateo, profesor de filosofía y fotógrafo cuando nos conocimos). Caminábamos por una avenida, él de blanco, rapado, con un libro bajo el brazo. Lo observaba ininterrumpidamente. Al cruzar una calle comencé a elevarme. No podía controlarlo, aunque deseaba tener los pies en la tierra (en el pavimento). Arriba, los árboles y los cables de alta tensión. Mauricio me miraba con calma, como si elevarse en medio de la calle, en cualquier momento, fuera normal. No tenía opción: debía aprender a volar si no quería morir electrocutada. Tiré las carpetas y un grueso volumen, a pesar de que las carpetas me servían para planear.

Otra vez me desperté sin saber quién era, mojada entre las piernas: estaba menstruando. Entonces, una vez más, me reconocí, me toqué, vi las yemas de los dedos rojas y me pregunté ¿y para qué la sangre?

22 noviembre 2005

Los libros de María

María dice que no quiere trabajar en la editorial. Perdemos una buena escritora. Ni siquiera es esta editorial, le digo, son las leyes las que permiten y avalan el funcionamiento de esta manera. Aunque muchas veces me de rabia, he aceptado las leyes a fuerza de no poder hacer otra cosa.

- Prefiero vender en la calle...

Sin embargo, la literatura infantil es cara, imprimir a colores, tapa dura, papel resistente, el costo supera el precio que alguien pagaría por un libro pirata.

- O frente al Museo de Bellas Artes...

¿Hacer ediciones baratas? ¿papel roneo? ¿blanco y negro? ¿acaso emular a Julio y bombardear libritos?

- En cuanto termine de pagar la deuda de mis libros, me lanzo con el otro.

- Ya, calla.

Pues María tiene muchas ideas para esperar vender y pagar deudas, pues María ni siquiera sabe vender.

- Voy a postular al fondo del libro.

- Y sí... mientras tanto yo espero los resultados del concurso que no gané...

Pero ¿acaso no sabíamos esto?

Pataleo

María, entiendo tu rabia, no creas que no. Me paso las noches pensando en María Alas, en el detalle de sus articulaciones o en una resquebrajadura de su piel. Entonces, a la una, las tres o cuatro de la madrugada desciendo silenciosa al primer piso y trabajo un poco más. Anoche también pensaba en el discurso que diría antes de comenzar la función del teatro de variedades.

Hace tiempo que acepté el lugar que me corresponde en Chile, en la sociedad humana y, a mayor escala, en la naturaleza. A veces me ilusiono con la idea de que mi trabajo, por pequeño que sea, pueda provocar un cambio al menos en uno de los niños que lean mis cuentos, pero también hace tiempo que dejé de creer que ningún cambio pueda ser dirigido. Sin embargo, aceptar eso no significa que me vaya a quedar en silencio. Al menos, creo, tengo el derecho al pataleo, aunque a veces, en ese pataleo, pierda algunas oportunidades de trabajo y, por supuesto, de ganar un poco de dinero... que siempre es demasiado poco.

Reconozcamos que no es mi trabajo el que mantiene a mis hijos, mi casa y a mí. Por eso entiendo tu frustración con este hecho, cuando uno siente que está aportando en algo a la cultura del país, aunque sea poco, aunque sea incipiente y recibe, a cambio, el trato de una esclava. En alguna parte leí que el arte es parte del ocio y el ocio sólo está permitido a las clases poderosas y adineradas. El ocio, para nosotras, es sinónimo de hambre. El lugar que nos correspondería sería en una de aquellas jaulas que llaman oficinas, donde tienes que marcar tarjeta, pagar tu almuerzo y limitar tus capacidades a trabajos mecánicos que, a pesar de todo, hacen crecer a la economía del país.

Casi me hace llorar de rabia e impotencia cuando se discute que la "piratería" afecta a la industria editorial, por ejemplo, y sacan a relucir las leyes de derecho de autor. ¡Qué importa! Es verdad lo que dicen, afecta a la "industria", los autores igual nos podríamos morir de hambre con o sin ella, afecta a los explotadores, a los intermediarios... ¿sabes cuántos libros tendría que vender para poder vivir con el sueldo mínimo? No importa, porque los que se enriquecerían serían otros. A nosotros, con suerte, con mucha suerte, el diez por ciento, si entremedio no te descuentan otros muchos gastos que nunca consideraste.

Y ¿qué hacer? Sobre todo nosotras con pocas capacidades sociales, que crecimos en un medio que nos hace ignorantes al momento de interrelacionarnos con los proveedores de dinero. Creo que nada. Salvo pararme allí adelante y patalear.

21 noviembre 2005

Variedades

He tenido que mandar una larga carta a mis ex suegros explicándoles el asunto del nombre de mi hija. Parece ser que el hecho ha causado sentimientos no positivos, que no sé cuáles serán exactamente, porque están mediatizados por las impresiones de él. El resultado más inmediato, aparentemente, es la suspensión del cumpleaños de Paz en la casa de sus abuelos paternos. Y una consulta a la sicóloga, como si de algo les hubiera servido, durante todos estos años, recurrir a los sicólogos y siquiatras.

Fernando, por otro lado, se mostró muy molesto cuando le dije que no tendría regalo para esta navidad porque el de su cumpleaños bastaba, pero que Paz, que no celebraría su cumpleaños, sí tendría un regalo. Me dijo que sólo le había regalado un par de cosas y que era muy poco. Sólo lo miré. Mi abuela tampoco nunca se sentía feliz, a pesar de los esfuerzos que uno hiciera. Murió sola, aunque yo la cuidé durante la agonía.

Y María Alas que se me escapa. María Alas es un personaje creado por la otra María, la que escribe. Elegimos este cuento para presentarlo en nuestro incipiente teatro de variedades en el Café Literario este último sábado de noviembre. Eso si puedo terminarla. He estado día y noche amasando su cuerpo, pero el resultado no es el que esperaba. Me pregunto qué esperaba. Tal vez basta con que se mueva.

Sigo despertándome apenas sabiendo quién soy. Es curioso porque me pasa cada vez que duermo, olvido todo. Me toma varios minutos reconocerme, saber dónde estoy y qué hago. Entonces, la pregunta ¿qué hago en la vida? toma un sentido muy práctico y terrenal, pues en la vigilia, aunque me pregunte lo mismo con otro sentido, sé que tengo que escribir o terminar a María o cuidar a los niños. Ni siquiera eso sé al despertarme y es lo que necesito saber con urgencia para levantarme. ¿Y si un día despertara y no lograra reconocerme? ¿Si pasaran los minutos y no recordara quién soy? ¿Qué tengo que hacer? ¿Qué hago en este lugar? ¿Quiénes son estos niños? A veces, no sé quién soy y sigo durmiendo, porque sé, de alguna manera, más tarde lo recordaré.

Se me escapa de las manos



Se me escapan de las manos las palabras, el barro de la lengua, otras manos pequeñas, la boca que tengo a mi alcance, los ojos abiertos, se me escapan de las manos la pena y las ideas, como si fuéramos los que vamos nadando en ese río, entre las islas, como si fuéramos peces que nadie pesca, si saltáramos y alcanzáramos el pubis deseado o el brillo de una mirada cierta, se me escapa de las manos María.

18 noviembre 2005

María Alas: tercera etapa

María Barro, tiene la piel resquebrajada, los dedos frágiles, parece la primera, la que ha esperado enterrada en el desierto, en la tierra salada, apenas la sostengo en las manos y se confunde su pasado con el futuro, como si fuera anterior a todos, María India, anterior incluso a María Alas, la tuya, María, la que me he apropiado metiendo las manos en el engrudo, el aserrín, la arcilla.

17 noviembre 2005

María Alas: segunda etapa



María Alas eres tú, María, soy yo y es ella.

¿Ves? De a poco va adquiriendo forma.

Una vez que tenga el rostro, creo que será imposible separarla de su personalidad, pero eso ni yo lo sé, hay mucho de azar en el proceso (y también mucho de lo que voy pensando cuando la tengo entre mis manos, pienso en ti, pienso en ella, en los objetos, me la imagino bailando, que la tomo de las manos en la oscuridad y que su traje brilla, que baila, que me obliga a bailar y a ti exponerte en la penumbra abriendo cajas)

Y a ella ¿la sacaremos de una caja?

16 noviembre 2005

María Alas: primera etapa

Mi derecho a acostarme con Julio (otro derecho que no elegí)

- Además, a mí no me importa que te hayas acostado con el Julio
- ¿Perdón? ¿con el Julio?
- Sí, estás en tu derecho de acostarte con el Julio y con quien y cuántos quieras.
- Sí, claro, salvo el detalle que no me he acostado con el Julio ni sé cómo puedes estar seguro.
- ¡Te conozco, Fª! La verdad es que ya no me importa, con él y con el que quieras, total estás todo el día sola en la casa, con los niños, es natural que te acuestes con otros hombres.
- Claro, si yo lo que hago durante el día es andar culeando con una serie de tipos...
- Es tu derecho.
- Mira, no sé si es mi derecho, pero lo que sí sé es que tú no eres quien para definir mis derechos sobre la base de tus enfermedades... ¿por qué no vamos al grano? ¿qué es lo que tú quieres?

*****

- Estoy confundido. Necesito tiempo. En este momento no estoy para tener una pareja única, quiero disfrutar mi sexualidad de diferentes formas, no quiero nadie que me presione, quiero alguien dulce que me comprenda cuando estoy angustiado después de jalar, estoy en crisis... no necesito presiones y tú me presionas.
- Lo que tú no quieres es comprometerte, lo que tú quieres es seguir llevando una vida desordenada. Como sea, es lo que necesitaba saber, no estoy en el mismo plano, no quiero ser la amante de nadie ni menos la tuya. Tu cuerpo puede ser deseable para mi, pero no necesario, sino dañino de esta manera.
- La monogamia no es natural.
- Puede ser que no, pero el sexo libre tampoco.
- Antes te quejabas de que era machista porque te celaba y ahora que cambié...
- Ahora pareces más machista y, además, me sigues celando con situaciones inventadas... y ni siquiera tienes relaciones sexuales conmigo porque estás "angustiado"... ni yo las quiero tener más bajo estas condiciones.

Silencio.
Determinados por no sé qué, por la pasión, quizás, no me pude enojar con él, pero me apenó no poder tener esperanzas. Tomar lo que hay, pensé, pero tomarlo bien. Y ahora lo tuve que dejar ir.

Tomó su bicicleta diciéndome algo del cumpleaños de la Paz. Cerré la puerta y respiré hondo. Me fui al taller a ver cómo seguía María, María Alas, la muñeca.

14 noviembre 2005

13 noviembre 2005

Final del día: nada es lo que parece

Al almuerzo llegó el Gitano con un amigo, su hijo, comida y un par de cervezas, considerando "nuestras" actividades de la tarde. Preferí ver una película y dormir siesta.

Más tarde, hablo con él.

- Mañana, ¿vas a venir?
- No, voy a ir donde el Pancho.
- Pero yo creí que los lunes...
- ¿Qué te pasa, Fernanda? ¿Acaso pensaste que tú y yo... onda "pareja"?
- Bueno... no tanto... pero... algo así...
- Nunca dije nada parecido.
- No (glup)... no dijimos nada (glup)... yo sólo quería saber a qué atenerme (glup)...
- No empieces a complicar las cosas ¿ya?
- No, no, claro, sólo saber... bueno, nada...
- Ya. Otro día hablamos.
- Bueno. Ya...

Parece que me equivoqué.

En fin. Todavía me queda cerveza y Séneca por delante.

Quizás qué

Lo hice llorar.
Es decir, no sé qué fibra toqué cuando le dije:

- ¡Eres muy fresco! Esta es mi casa y tú sientes como si fuera la tuya ¿siempre eres así o sólo acá te sientes como si todo te perteneciera?

Por un lado, pensé que el Gitano tenía asumida su condición de errante definitivo, que se instala en cualquier casa como si fuera la suya, pero además hace tiempo creo que debo fijarle límites que no establecí antes, cuando todavía (yo) creía que el mundo podía ser hippie.

Sin decir nada, sacó su ropa de la lavadora sin centrifugarla, aunque sólo quedaba ese paso. Puse la nuestra, es decir la mía y la de los niños. Subí a terminar de preparar el desayuno, pero el Gitano no subió. Lo llamé. Nada. Bajé a buscarlo.

Ahí estaba en el living leyendo un libro de Noam Chomsky. Entonces se puso a llorar.

- ¿Qué te pasa?

Nada, lloraba. Le pedí perdón, tal vez fui muy dura, quizás injusta, le pregunté una y otra vez que le pasaba, pero nada, como si no supiera que era inútil preguntarle qué le pasa a un hombre, sólo murmuró que se sentía muy mal, cansado. ¿Cansado de qué? No sé a ciencia cierta.

Al rato, bajó Fernando. Se fueron al parque y les pregunté si volvían a almorzar. Dijo que no. Vano insistir.

Recordé esto:

- Eres una sádica, me dijo él.
- ¿Qué te pasa?
- No, no me entiendas mal, no una sádica patológica, pero Freud divide a todas las personas en dos tipos, según sus tendencias, sin que estén enfermas: unas tienden al masoquismo, otras al sadismo. Tú eres de las que tienden al sadismo, pero de "Sade" ¿entiendes?

No, no sé si le entendí ¿acaso quiso decir que entre sufrir yo y que sufran los otros, prefiero que los otros lo hagan? ¿qué tiene que ver Sade? ¿quiere decir que ese sufrimiento está bajo un mandato sexual?

Pensé si decirle que esta era mi casa lo había afectado en los más hondo o... ¿sería que me vio saludándolo más cariñosa que de costumbre cuando llegó a buscar a Paz?

12 noviembre 2005

Más que sombras, tinieblas

- En el 2015 va a desaparecer el hombre.
- ¿Y?
- ¿Cómo puedes ser tan irresponsable y egoísta como para tener hijos?
- ¡Por favor!
- ¿Por favor qué?
- Y dicen que se acerca un enorme agujero negro a la Tierra, que el cometa no-sé-cuál se desviará de su órbita y chocará contra la Tierra, generando una destrucción parecida a la que hizo desaparecer a los dinosaurios, que todos los volcanes harán erupción al mismo tiempo, que el calendario azteca predice el fin de la humanidad para el 2012 tal como Mac Luhan predecía, con sólidos argumentos, que la humanidad moriría de hambre antes del 2000... ¿no te das cuenta?
- ¿De qué?
- De que todo es parte de una campaña del terror mundial que se aprovecha de miedos ancestrales explotados por las religiones...
- Pero ¿no me vas a negar el agujero en la capa de ozono?
- No.
- Y el recalentamiento...
- No.
- ¿Entonces?
- Nada.

Apareció Joaquín, con la bandeja de croissants y el café con crema, sus cuarenta y cinco años repartidos en varios kilos de más. Se sentó al lado de su madre y le dijo:

- Tengo una novia nueva que te quiero presentar.

Teatro de sombras

Nunca he visto un teatro de sombras y, hoy que he hecho uno, tampoco pude verlo. A veces la tecnología cansa y siempre uno debiera ir cambiando, así que me lancé con mi cuento en un teatro improvisado. María y Malayo me ayudaron.

- Debiéramos seguir con esto y, además, a ver si podemos ganar algo de plata, dijo María
- Y sí, de algo hay que lucrar, no haberlo sabido antes.

Hace ya bastantes años, saliendo del liceo y entrando a la universidad, decidí buscarme un trabajo complementario a mis estudios. Un "elegante y prestigioso bar" en Providencia buscaba muchachas que supieran inglés en un aviso económico del diario (nótese desde ya el grado de ingenuidad) y me presenté un lunes a las cinco de la tarde.

En la barra de un bar profuso en espejos y muros entelados de raso rojo, me recibió un tipo joven, aunque bastante mayor que yo. Me senté a su lado esperando alguna indicación, pero también él parecía esperar alguna palabra de mi parte.

- Vengo por el aviso del diario.
- ¿Y sabes de qué se trata el trabajo?
- Sí. No... bueno, de atender las mesas.
- Eso en principio. Si quieres trabajar aquí no sólo tienes que servir las mesas, sino que acompañar y hacer beber a los hombres. Para lograrlo tú no puedes beber, pero debes fingir que bebes. La muchacha del bar te sirve lo que el tipo pida y a ti alguna bebida sin alcohol, que él pagará como si fuera alcohol... ¿entiendes?
- Ajá... ¿y cuánto paga por eso?
- Bueno, te pago un mínimo por horas trabajadas más un porcentaje de lo que hagas beber a los tipos.
- Y ¿eso cuánto es más o menos?
- De base son trescientos mil pesos por cinco días a la semana.

En 1990 era una cifra astronómica para una chica de 18 años.

- Más el porcentaje de las bebidas- continuó- más los negocios que tú misma puedas transar dentro del bar.

Eso no lo comprendí de inmediato.

- Y ¿cuál es el horario?
- De ocho de la noche hasta la madrugada, entre una y tres de la mañana, dependiendo de la clientela y los negocios de las meseras.
- Ah- pensé que tenía que estudiar e ir a clases temprano- ¿no puedo trabajar de jueves a sábado?
- !Si tú quieres!- soltó una carcajada- pero te va a ir re-mal, los hombres vienen aquí durante la semana, cuando pueden inventar alguna excusa en sus casas, que la comida de la oficina, que el trabajo extra, que una reunión más larga, pero ¡fin de semana!, preciosa, están con su familia, que la señora y los hijos...

El martes fue el único día que trabajé en el bar. Me sentí profundamente humillada y, además, asqueada. A las doce de la noche, más o menos, escapé del local llorando por la avenida suecia hacia la casa de mi abuela.

Humillada, entonces.
Asqueada, entonces.
Llorando, entonces.

Ahora, después de dos partos, del deterioro de mi cuerpo, de los años... pienso que me humillé, asquée y lloré inútilmente. Al menos, durante esos años, hubiese lucrado de mi cuerpo, de mi educación, de mi inglés, de mi condición de proleta. A esta alturas, ya habría terminado con ese laburo (en vez de hacerlo gratis, la verdad).

Seguí por algún tiempo trabajando como promotora y más de alguna vez me llamaron de conocidas y reputadas casas de prostitución, gracias a la base de datos que manejaban todas estas pequeñas y medianas empresas que reclutan niñas para eventos. Nunca fuí. Preferí vivir en mi falso mundo hippie y esforzado y digno, regalando sexo más que transándolo.

Sí, ya habría pasado, como todo.

11 noviembre 2005

Cambiar el mundo

Mientras charlábamos pensé y apenas enuncié la idea de las fantasías.

Hace tiempo que me di cuenta de que vivía rodeada de personas que fantaseaban y confundían sus sueños con la realidad. En ese momento, tomé mis propias fantasías como el cuento que escribo en una tarde y dejé de creer, pero no renuncié a ellas. Cada una de ellas, que me voy a Buenos Aires, a Colonia de Sacramento, a Nueva Dheli, a Valparaiso o al delta del Paraná, que me caso (¡yo!), que tengo una familia, que él me ama o que yo lo dejo de desear, que envejezco con dignidad (en eso todavía tengo la esperanza), todos tienen la verosimilitud de una buena narración, pero se acaban cuando se cierra el libro, cuando se abren los ojos, cuando me levanto, cuando me doy cuenta de que todavía estoy viva y voy rodeada de personas en el metro.

Esto es lo único cierto, que estoy aquí, que algunos de ustedes alcanzaron a leer esto y nada más.

Al asumir esta certeza, de que todo se reduce a este efímero presente que puede ser interrumpido por un terremoto, un bus que choca contra la pared, un incendio, una bomba, una asteroide o el cansancio de mi propio cuerpo, creo que puedo vivir un poco mejor.

Eso y sentarme en el parque y comer y hacer el amor (cuando se puede hacer el amor, claro) y mirar y ocupar todos mis sentidos y siempre saber que todo lo demás no es más que una parte del gran sueño que tenemos derecho y necesidad de tener.

Al principio, cuando mis mayores se reían de mis ideas (porque se reían, no intentaban convencerme de lo contrario), sentía que mis proyectos carecían de seriedad, que yo era una persona poco confiable, pero, al tiempo, he terminado riéndome yo también cuando me escucho detallar la distribución de mi casa en Buenos Aires, por ejemplo, o la ventana de la casa de Valparaíso que miraría el océano.

Qué fácil... basta que tome mi libro de cabecera para que pierda el sentido de la realidad o que cierre los ojos.

10 noviembre 2005

"Este partido parece tener la mayoría"

Un hijo de Radomiro Tomic está participando en la campaña electoral de Sebastián Piñera. Los demócratas cristianos están ofendidísimos, seguramente por usar una palabra neutral. La concertación está preocupada por los efectos que puede tener en la cadidatura de la mujer, Michelle Bachelet.

No parece extraño. Todavía quedan personas que participan en los partidos políticos con un poco de mesura, que tal vez saben, que aún siendo Piñera un despreciable capitalista de la derecha, no tan despreciable como el imbécil de Lavín ni menos capitalista que este gobierno, que el recambio es una necesidad imperiosa en la democracia, cuando la democracia el único beneficio que nos presta es que el poder no se quede siempre en las mismas manos... ¿alguien sabe quiénes trabajan en la Fundación Centro Cultural La Moneda? Pues solamente hijos y parientes de nuestros ministros y políticos de la concertación, para quienes el socialismo viene siendo un vago, vagísimo recuerdo. Me imagino que pensarán que se lo merecen, después de tanto luchar durante la dictadura y que , por lo tanto, sus hijos y sobrinos, también merecían las becas a Barcelona y los posteriores puestos que después obtuvieron por sus estudios en la "puta madre patria".

Dice Séneca que la turba es el argumento de lo peor y que, en las elecciones, los mismo que eligieron se admiran de los pretores que han resultado elegidos. Así parece ser y más necesario parece el recambio.

Michelle Bachelet parece la única alternativa posible para escapar de la derecha (el otro es un voto simbólico y, demás está decir que tampoco me fío, no más estuviera en el poder las ideología se mudarían). Además es mujer. Dicen que la política será otra con una mujer en el poder que pondrá más mujeres en cargos importantes. ¡Bienaventuradas las mujeres! Mientras tanto que la población siga envejenciendo porque, de las intelectuales con que me cruzo, no conozco a ninguna para quien la maternidad sea un laburo importante, sino más bien un estorbo para el desarrollo de su carrera profesional y del país. Bueno, total, para eso están las "guarderías". Abandonen a sus hijos en las salas cunas a los tres meses de edad y ya tendrán los siquiatras todavía más trabajo en veinte años más.

¿Qué hacer?

Parece no haber salida. Seguramente tendré que votar por Bachelet, el mal menor. Total, sea la derecha, sea la concertación, a mi que se me sale el proleta cuando me emborracho, y también cuando no me emborracho, nada de eso me tocará ni indirectamente.

El hijo de Radomiro Tomic fue más radical ¿no? Pero no sé si me atrevo a votar por Piñera, aunque... ¿qué me puede pasar?

09 noviembre 2005

Dormir hasta olvidar

Ayer, mientras trataba de hacer algo con el origami, me empezó a dar un sueño incontrolable, apenas llegué a la casa, con los párpados pesados, y me acosté con Séneca, sin llegar a leerlo.

Tres horas después me desperté. No sabía quién era. Estaba allí yacente sin saber siquiera qué era. Cuando me reconocí como humano y como "yo" en lo más sustancial (no sabía ni qué edad tenía ni a qué me dedicaba o lo que deseaba), traté de ubicarme en el espacio, ¿dónde estaba? ¿En Santiago, en Buenos Aires o alguna otra parte, en la casa de mi abuela? ¿era niña o adolescente o adulta o vieja? ¿acaso había soñado que conocía Buenos Aires? Por más que miraba a mi alrededor no reconocía los colores, los objetos, la luz, el espacio, mirando el cielo raso irreconocible con sus arabescos que todavía no me decían nada. Algún momento después supe que estaba en mi dormitorio de la casa del barrio Brasil. ¿Qué hacía allí? ¿Qué hora era? Entonces recordé que tenía dos hijos... ¿dónde estaban? ¿DÓNDE ESTABAN? ¿acaso era hora del levantarse para llevar a Fernando al colegio? ¿o ya había vuelto y me había dormido olvidando que tenía que ir a buscarlo? ¿y Paz? ¿por qué tanto silencio? ¿era de noche, de día, de mañana o de tarde? Me concentré tratando de hacer memoria, pero aún no me movía de la posición en que desperté... ¿les habrá pasado algo? ¿los olvidé?

De pronto recordé que Fernando tenía permiso para jugar en el computador mientras yo dormía, que Paz se había ido esta mañana con su padre, que era una tarde después de hacer origami en el parque.

Bajé.

- ¡Fernando! Llevas tres horas en el computador ¿Cómo es posible?

08 noviembre 2005

Más terapia origami

Otra vez comida en el parque y Fernando haciendo piruetas. No quise llevar a Séneca porque me pareció un vicio ya, pero llevé un libro de origami.

Intenté algunas figuras, una jirafa, una mariposa, un pez y una flor. No me resultaron, no se parecían nada, salvo un papel doblado. Quizás este japonés no hace figuras tan buenas, después de todo era un libro barato que alguien fotocopió y nunca devolví. Mientras tanto pensaba que debería escribir la novelita para el concurso de literatura juvenil de SM.

El problema es que no creo en la literatura juvenil, es decir no creo que a esas alturas se pueda hacer algo mejor de lo considerado literatura universal, hecho y por hacerse. No sé, a cierta edad, ya están disponible Sábato, Cortázar, Benedetti, Hesse, Kafka, Swift, Dafoe, incluso Séneca... ¡vaya, un sin fin de autores!

¿Entonces?

Bueno, tal vez no debo escribir pensando que lo hago para chicos, escribir sin destino, como si lo hiciera para todos o para nadie. Ó, quizás, escribir en la categoría intermedia, ésa definida por el rango siete a nueve años, que me permite un largo posible para mi impaciencia: un máximo de sesenta páginas. Tal vez en esta ocasión haga un borrador. O no. La historia la estoy definiendo.

¿Y?

Y lo que necesito es un editor exigente, como Fulvio, que me podía destrozar los textos para reconstruirlos. Lo malo es que, por alguna razón, Fulvio ya no se aparece ni por el mensajero y, aún siendo así, no se puede confiar en él: se cae demasiado seguido al litro y no cumple con plazos. Suficiente para él debe ser estar absorbido por la organización del festival de jazz en Lebu.

Sigo doblando papeles en el parque. Están muy feos, como mi último libro. Esta vez no voy a culpar al diseño, que sigue siendo muy mejorable, pero la intervención que hice de las primeras ilustraciones del cuento, resultaron perjudiciales. No tengo el libro en la mano, así que me cuesta definir qué es lo que falló tan horrorosamente, pero la primera impresión, como el primer párrafo, es lo que cuenta. No estoy tan desilusionada por este fracaso como acongojada por no responder a las espectativas de mi editora en la editorial. Confía ciegamente en mí, pero se ve que no debería hacerlo, ni tampoco deberíamos, todos, confiar sin tener las pruebas de imprenta a la vista. Y sí, porque las primeras pruebas se veían bastante bien, pero entonces cambié todo para "mejorarlo" antes de la impresión final. Se ve que la cagué y me da un poco de vergüenza.

Es eso lo que no quiero que pase con la novelita para SM, si bien puede que no guste, no quiero tener reproches por la calidad.

¿Y qué hago con estos papelitos ahora?

A la basura, obvio.

Terapia sushi

María, sushi en el parque Bustamante.
Pablo, sushi y cerveza en la Reserva Costanera Sur.
Fernando, pollo con ensalada en el parque Balmaceda, frente al café literario, y nos imaginamos que el parque es el patio trasero de la casa.

Me duelen los pies. Camino descalza por Santiago. Quema. Camino al nuevo departamento de mi amiga. No tenía ganas de recibirme. Estaba muy deprimida por problemas en el trabajo. Se veía mal, ciertamente.

- No te desgastes en odiar a esa gente.

Pero ella no puede dejar de odiar y de pelear.

- No vale la pena, le dije, si ya tienes un mes de licencia ¿por qué no te olvidas y disfrutas?

Va a aprovechar de terminar su tesis del magíster, que comenzó hace más de cuatro años, antes de que naciera su hija. Ya no va a postular a Inglaterra el doctorado, aunque quedó en dos universidades, falló en el examen de inglés, así que ahora prefiere España.

- Deberías irte a analizar por un siquiatra, me dijo y me recomendó a una tal Nadia.

Ahora lo agradezco, sí, gracias, la voy a llamar, me voy a tratar, contesto siempre. Luego tiro el papel a la basura. Recorro a mis conocidos que se tratan. Algunos llevan varios años y no veo que nadie esté mejor, que el que odia deje de odiar, el que trabaja demasiado deje de trabajar, el que esta deprimido piense que la vida es mejor, el que se separó de su mujer esté más resignado, el que no puede amar haya comenzado a amar, el avaro haya dejado de sufrir, el narcisista haya dejado de desear ser el centro de atención... todos igual pero dependientes de ese par de horas que tienen con su terapeuta. Y sí, los terapeutas crean otra patología: la dependencia de ellos. Cristián está toda la semana deprimido hasta que tiene su sesión. Ese día se siente bien, así que ha decidido aumentar las sesiones a dos veces por semana. Bien por la siquiatra. Ojalá mi literatura creara ese tipo de adicción.

- ¿Tú crees?, le contesto en un tono delicadamente irónico.

- Sí, a mi me ha hecho estupendo.

Y sí, el ha hecho tan bien que su hija habla del padre como si estuviera vivo, trasmite toda su frustración odiando a la familia de su marido, está más dogmática e intransigente que cuando la conocí y, lo principal, no se ve bien.

Camino de vuelta al parque a pies desnudos. Mientras Fernando hace piruetas en la pista, me tiendo en el pasto y miro los árboles contra el cielo, las semillas que vuelan, algunos pájaros que las agarran en el aire. Descubro que no tengo otra preocupación que amar (aunque mi amor sea efímero, que es lo mejor).

- El sushi estaba delicioso aunque era bastante malo.